México sigue en la revolución para recobrar su dignidad de país.

Este 20 de noviembre celebramos los mexicanos un aniversario más de nuestra revolución mexicana, comúnmente nuestro país lo conmemora con un solemne desfile y representaciones de aquellos personajes que impulsaron a vivir más dignamente a nuestro país; el sufragio efectivo no reelección es una herencia que no podemos olvidar, pero a la vez esos héroes nos invitan a seguir la lucha por nuestro país; hoy, no nos referimos una a guerra bélica, nos referimos a la lucha por la dignidad de nuestro país; la lucha por recobrar los valores, la lucha por recobrar las buenas costumbres, la lucha por recobrar los buenos hábitos, recuperar la paz, el respeto al derecho ajeno tan proclamado por Benito Juárez en la independencia, la tan aclamada democracia; ¿acaso no lo busca también la ONU?; los mismos países latinoamericanos ven la necesidad de que sus países vivan dignamente.
La revolución que Cristo hizo si así se pudiera decir en Palestina fue para liberar a los cautivos, para liberar a los marginados, para regresar su dignidad a los pobres, en México para anunciar la dignidad de los mexicanos; tal vez se pregunten: ¿y qué tiene que ver Cristo en esto?; mucho, México tiene la dicha de de ser un país en su mayoría católico y cristiano; dicha porque muchos países no tienen esa dicha, allí son perseguidos, martirizados y sacrificados; llegan con violencia a imponer el culto, fe y religión que creer y muchos ven la injusticia en sus países; en México todavía se puede respirar el cristianismo, todavía se alcanza el favor de Dios y el Espíritu santo todavía guía a la Iglesia, a pesar de de las limitaciones del mismo gobierno, la honra a la virgen de Guadalupe mantiene nobles a muchos católicos en México, pero lo más importante es la fe en Cristo nuestro salvador.
Los católicos también somos mexicanos, somos padres de familias, somos hijos y a la vez somos constructores de paz, pues nuestro Señor Jesús nos ha dejado la paz; ganó para nosotros la libertad, nos devolvió la dignidad de hijos de Dios, y así, el derecho vivir dignamente; el católico mexicano lo es siempre, no sólo en la Iglesia o en el servicio, todo su ser se sumerge en Cristo y nuestra revolución es recuperar primero los valores y virtudes que se tienen que vivir y profesar en México; erradicar los vicios que han querido suplantar las buenas costumbres, derribar los males que obstaculizan la vida digna; la educación y el nivel académico es base, pero ¿de qué sirve si esta educación es hedonista?, si se basa en el egoísmo y soberbia del hombre, de ¡qué sirve la solidaridad si la autosuficiencia y la violencia es el lenguaje del mexicano; para que la sangre de tantos hombres, para que la salvación de Cristo si los mexicanos parece que no la viven o no sienten que Cristo ya nos salvó y nos ha redimido de nuestros pecados.
La fe está incompleta si no hay las condiciones dignas en un país para vivir como deben de vivir los hijos de Dios, los mexicanos, no son libres, ni hay independencia sí su dignidad ha sido pisoteada; es un país de mexicanos, no sólo de unos cuantos, es un país de gente noble, no de unos beneficiados, es una tierra custodiada por la morena del Tepeyac por ello no se puede soportar vivir una fe muerta, sin obras, sin acción; hoy celebremos este 20 de noviembre festejando conscientemente como mexicanos católicos y la dignidad por la que muchos han luchado a través de nuestra historia; sí ¡viva México! Y los parapanamericanos nos han puesto la muestra, ni la propia discapacidad los puede detener, Dios ha infundido un Espíritu de valentía y fortaleza, los mismos panamericanos nos mostraron que un país unidos es un país grande, lo que reinaba era la paz y la fraternidad que superaba cualquier mal sabor de boca, México es semillero de valores, virtudes, cristianismo, ¿acaso se pide una cosa imposible?, ¡no!, hemos sido llamados para ser un país grande pues hemos creído y vivimos con nuestro Señor Jesús, por eso podemos concluir: “Estén siempre alegres en el Señor, que todo mundo los conozca por su bondad, que no haya angustias, si no al contrario, cualquier situación presentarla al Padre con oración, suplicas y acción de gracias” Fil 4, 4-6.
Ese es el mexicano que Dios quiere que sea su baluarte para mostrar a las naciones la fidelidad y dignidad de los hombres a Cristo Jesús, y por tanto el poder conferido a los que aman a Cristo para poder seguir en la revolución y en la fe para la grandeza de nuestra patria y el honor a nuestro Señor Jesús.




















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