¿Es válido conservar la tradición del día de los reyes?
Como adulto se vienen bellos momentos de nuestra niñez a la memoria, al recordar el día de los reyes magos, era una emoción indescriptible aun que lo que nos trajeran fuera humilde y sencillo; días antes a la llegada de los reyes platicaban en el hogar nuestros papas, los pequeños comentaban en la escuela, se veía muchos puestos exhibiendo los juguetes y la televisión que decir, aquellos comerciales, de matel, las famosas barbies, hasbro, Disney, Fisher Price etc., hacían que la ilusión de los reyes magos llegará pronto; ese día 5 de enero nos íbamos a dormir temprano, pero no podíamos conciliar el sueño, no sé cómo entraban los reyes magos que al levantarnos por cualquier razón ya estaban ahí los juguetes; era asombroso que a los pies de nuestros zapatos allí estaban aquellas cajas con envolturas atractivas, ¡vaya desvelada le poníamos a nuestros padres!, era una emoción ir abriendo cada paquete y sonaba fuerte la envoltura y los papas contentos en su interior, porque empezábamos a jugar con los juguetes como un sueño magico y llegábamos con ellos y les decíamos: Papi mira lo que me trajeron, mami mira lo que los reyes me trajeron; luego la calle se llenaba de niños, en la cuadra todos sacaban sus juguetes, claro que había uno que otro amiguito que no le habían traído nada o decía que ya en navidad santa clauss ya le había traído, ¡qué raro nombre ese de santa clauss!, aquí en México.
Cuando supimos que eran ellos quienes nos traían los juguetes, les soy honesto, no hubo desilusión, porque fue una época en que esos juguetes me hicieron feliz y ahora yo ayudaba a mis padres con los hermanos menores, como íbamos poniéndole a cada uno sus juguetes y con gran amor nuestros padres cumplieron una misión de hacer felices a sus hijos; la pregunta aquí sería: ¿vale la pena de conservar la tradición de los reyes magos?; amigos tal vez me vean como un católico empedernido, pero yo sí conservo esa tradición y ¿saben por qué?; hay dos motivos muy especiales, empiezo por el primero: “yo fui muy feliz en esa edad con lo que mis padres me trajeron”, luego vi el gran amor de mis padres que hasta pedían fiado con algunas personas que vendían juguetes e iban pagando poco a poco, su recompensa: la felicidad del hijo; vi también su impotencia para comprar los juguetes y tal vez ese día fueron dos juguetes: “una pistola de dardos y unos monitos para tirarlos con los dardos”, pero era algo grandioso; soy testigo de la inocencia de los niños en esa edad, como fraternizaban, como jugaban, todo esto no tiene precio, pero ahora que vivo más consciente mi fe católica, bíblicamente se que a nuestro Señor le llevaron incienso, mirra y oro, dones preciosos para su divinidad, ¿por qué entonces en su honor, no le ofrezco juguetes a mis hijos?, claro que vale la pena amigos, sé que muchos papas se endrogan y empeñan algo por los juguetes de sus hijos, pero sé que esa felicidad no tiene comparación, he visto como a niños en orfanatos al llevarles juguetes el día de reyes viven un momento extraordinario, ríen, juegan , cantan, y vi la amargura de aquellos que según los papas por hacerlos madurar más pronto les dijeron a sus hijos a los 7 años: “nosotros somos los reyes magos”, una frialdad en ellos, tristeza aun con juguetes caros y novedosos, todo porque unos ya no quisieron traerles juguetes, otros porque no son católicos, otros porque no tienen esas prácticas, pero no fue lo mismo.
La niñez es la época más linda, la inocencia, el creer en esos reyes magos como personajes que andan por todo el mundo llevando juguetes a los niños, sé que hoy se ha materializado y comercializado, pero es algo que no está a mi alcance solucionar; sólo soy testigo de la dicha de recibir siquiera una pistola de agua o algún caballito de madera, ¡claro que vale la pena conservar esa tradición!, ¡claro que vale la pena traer juguetes como el presente recibido por nuestro Señor Jesús porque esos año no regresarán!, ¡vale la pena porque ahora con cantos y jubilo celebramos la visita de los magos de oriente a nuestro Señor Jesús!, cuando veo esas imágenes de hermanitos en total desnutrición, en total maltrato, en total descuido, en total pobreza, que sus sueños fueron trasformados en dolor, en hambre, en sufrimiento, en lagrimas, más valoro a mis padres, porque aunque eran otros tiempos en nuestro país había una ilusión en los reyes, no era cuestión de religión sino de inocencia y esperanza, de amor.
Mis queridos amigos yo estoy convencido, porque a mis tres hijos (dos mujeres y un hombre), les puse los juguetes en sus zapatos como lo hicieron mis padres y fue lo más maravilloso, vi su cara de alegría, vi su inocencia, vi que creían en lo que estaban viviendo; ¡vaya que no cambiaría esa tradición!; que Dios sea bondadoso en su corazón con sus hijos y con quienes no lo son.





















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